A pesar que estamos a pocos días de presenciar la Cop20 en Lima, los problemas de contaminación siguen causando estragos en nuestros ecosistemas. En esta oportunidad un tema que no se está tocando mucho en el debate ambiental es sobre los usos excesivos del plástico, que ocasiona la reducción del cauce del agua con riesgo de desborde e inundación, y que los residuos lleguen al mar generando mayor basura marina en nuestras playas y ahora también en nuestros ríos de la Amazonia.
Por ello para tener mayor noción sobre esta contaminación silenciosa del plástico compartimos un artículo publicado en un medio de comunicación escrito, el cual nos brindará la información necesaria sobre este tema.
Aunque aún no se enseña en las escuelas, el planeta alberga –cuando menos- un nuevo continente que se ha ido formando paulatina y casi imperceptiblemente en el transcurso del último siglo y, particularmente, a partir de los «Años Dorados» (1945-1973) de las economías capitalistas de mercado. A diferencia de los seis más conocidos, se trata de uno que es flotante y no está formado por tierra firme, sino por una gigantesca masa de bazofia. Los vientos la hacen girarlentamente –en la dirección de las agujas del reloj- en el Océano Pacífico, entre Hawai y California. Ocuparía una extensión equivalente al territorio peruano, según los estimados más conservadores.
Con buenas razones a esta gigantesca isla de restos de bienes duraderos, que pesarían cuatro millones de toneladas, cuatro quintas partes de las cuales son ocupadas por bolsas y botellas de plástico, ha sido bautizada como el «Octavo Continente[1]» o «Basural del Pacífico Norte».No nos sorprendería que hacia el año 2050 se hable de varios «continentes» adicionales de esa misma naturaleza artificial, como los que ya se están formando en los océanos Atlántico e Índico, a tal punto que estos islotes de basura rebasen en extensión a las de sólida tierra.
