Infierno minero de Madre de Dios se repite en Huánuco y Ucayali

El reportaje emitido por Cuarto Poder el domingo 17 de agosto de 2025 mostró en vivo la crudeza del avance de la minería ilegal en Puerto Inca (Huánuco) y Curimaná (Ucayali).

Las cámaras registraron un escenario devastador: pozas conectadas con mangueras y tolvas, retroexcavadoras y dragas devorando los ríos Pachitea (Huánuco y Ucayali), Yuyapichis (Huánuco) y Aguaytía (Ucayali).

En la selva de Panguana, en la provincia de Puerto Inca, una operación de interdicción apenas logró inutilizar cinco retroexcavadoras. Sin embargo, en cuestión de minutos, cientos de personas se movilizaron para impedir que las autoridades continúen con la acción.

En Curimaná, aunque la Marina patrulla el río Aguaytía, las dragas y balsas ilegales regresan inmediatamente después de que las fuerzas del orden se retiran.

El reportaje también evidenció campamentos flotantes operando con total impunidad en un río vital para las comunidades y la biodiversidad de Ucayali.

Yuyapichis, Huánuco. (Foto: Difusión)

Estas escenas confirman que la respuesta estatal es tardía, fragmentada y sin resultados efectivos. Las interdicciones, presentadas como acciones de control, no pasan de ser operativos mediáticos, sin capacidad real para enfrentar la magnitud del problema.

Mientras tanto, la minería ilegal sigue avanzando de la mano de mafias cada vez más organizadas y amparadas en normas como el Registro Integral de Formalización Minera (REINFO), creado por el Decreto Legislativo N.° 1105 en 2012.

Este mecanismo, en lugar de frenar la ilegalidad, ha terminado por perpetuarla, brindando cobertura a operadores que se declaran en proceso de formalización sin cumplir los mínimos requisitos ambientales.

En Yuyapichis, el reportaje mostró un escenario desolador: 36 kilómetros de ríos borrados y convertidos en un desierto de cráteres, sin peces ni vida.

El cauce del río fue alterado hasta volverse intransitable, convertido en un lecho muerto que refleja lo que ya ocurrió en Madre de Dios.

El precio del oro, que supera los US$ 3,300 la onza, alimenta esta fiebre que arrasa bosques, envenena aguas y destruye la vida amazónica.

Demandas de los pueblos indígenas amazónicos

Para la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), lo revelado por Cuarto Poder confirma una alerta histórica: el ‘infierno minero’ que devastó Madre de Dios ya se está expandiendo con fuerza hacia Huánuco y Ucayali.

Lo que antes se advertía como una amenaza futura hoy es una realidad en marcha, con graves impactos sobre territorios, ríos y comunidades indígenas.

El problema no se resuelve con operativos aislados, sino con decisiones de fondo que ataquen las redes criminales, desmonten marcos legales como el REINFO y fortalezcan la vigilancia indígena en los territorios.

AIDESEP enfatiza que los pueblos indígenas, en esencia, aman y defienden su cultura y sus territorios; por ello no favorecen la minería ilegal. Son quienes más sufren sus consecuencias: ríos contaminados que significan pérdida de agua, alimentos y cultura.

Si bien en algunos contextos la minería ha intentado penetrar en comunidades, la gran mayoría resiste y enfrenta esta amenaza.

Ejemplo de ello son los pueblos Wampís y Awajún, que desde hace décadas organizan sus propios sistemas de vigilancia y control territorial —como Los Charip (del pueblo Wampís)— para frenar la expansión minera y proteger la Amazonía.

AIDESEP recuerda que una de sus 16 demandas centrales frente a la destrucción minera en la Amazonía es la cancelación inmediata del REINFO, pues se ha convertido en el corazón de la impunidad minera.

Asimismo, demandamos una interdicción real y sostenida de dragas y balsas en 32 distritos y 22 ríos amazónicos.

El respeto estricto a nuestro consentimiento libre, previo e informado para impedir más concesiones mineras; y la inversión estatal en bioeconomía indígena, alternativa que ya venimos impulsando en diferentes comunidades de nuestras bases regionales.

AIDESEP exige al Estado redoblar recursos, garantizar presencia real y reconocer el rol de los pueblos indígenas en la defensa de los territorios.

No hacerlo es permitir que Huánuco y Ucayali se conviertan en el nuevo rostro del infierno minero que ya devastó Madre de Dios y que el mundo entero reconoce como la cara más desoladora de la Amazonía.

Reportaje de Cuarto Poder: https://www.youtube.com/watch?v=rdYxjm0lMCw

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